Nuevas formas de trabajo: del modo contingencia al modo estable

Nuevas formas de trabajo: del modo contingencia al modo estable.La irrupción de la COVID-19 ha transformado nuestra sociedad de golpe. Todo cambió cuando nos empezamos a confinar para protegernos del virus y, como no, también lo hizo nuestra forma de trabajar, acelerándose el modo de trabajo en remoto.

No me canso de repetir lo orgullosos que estamos en el contact center por haber logrado desplegar, en tiempo récord, el teletrabajo ante este gran desafío y garantizar el funcionamiento de servicios clave esenciales para los ciudadanos. Todos los implicados pusimos de nuestra parte para continuar dando soporte a los clientes, pero, por el bien de todos, esta situación excepcional se debía pautar, mucho más allá del escenario coyuntural (esperemos) provocado por la pandemia.

Durante varios meses, los diferentes interlocutores sociales han mantenido infinidad de reuniones y negociaciones hasta alcanzar un acuerdo tripartito plasmado en un Real Decreto Ley (RDL) que regula el trabajo a distancia y que, como sabéis, entra en vigor este sábado día 10. Aunque lo ideal hubiera sido haber hecho una regulación con la máxima visión de futuro posible (lo que hubiera precisado un debate algo más sosegado), no obstante, tenemos que estar contentos porque hemos puesto la primera piedra para avanzar hacia nuevas formas de trabajo, más flexibles y cercanas a las exigencias de conciliación de la sociedad moderna. Como dijo la ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz, en su comparecencia tras el Consejo de Ministros en el que se aprobó el RDL, “con esta norma se inaugura la legislación laboral del siglo XXI”.

Desde la Asociación CEX siempre hemos defendido que el teletrabajo (denominado así cuando el trabajo a distancia se hace con uso de medios telemáticos, como es en nuestro caso) es una opción muy interesante para contemplarla a través de un modelo híbrido en el que conviva la asistencia al lugar físico (plataforma) con la realización del trabajo desde el domicilio. Y, de hecho, hace poco leí los resultados de una encuesta realizada por Impact Hub Madrid a 220 empresas donde casi el 95% afirmaba que adoptará este concepto mixto de trabajo presencial y a distancia.

Ahora ha llegado el momento de analizar a fondo la normativa aprobada, ver todas las exigencias que imponen a las empresas y los costes derivados de su aplicación porque, no lo olvidemos, el objetivo es mantener el máximo empleo en las mejores condiciones para ambas partes, prestando el servicio con la misma calidad y profesionalidad de siempre. Aunque esta carretera de doble sentido que es el teletrabajo, ahora tenga muchos más baches y curvas de los esperados, creo que estamos en el momento adecuado para negociarlo, teniendo claro que va a exigir generosidad y esfuerzo por todas las partes, si queremos que el modelo se afiance y consolide. No hacerlo sería, sin duda, dejar pasar una oportunidad inmejorable para el futuro de nuestro sector.

El hecho de que, como sabéis, mientras se mantengan las medidas de contención sanitaria derivadas de la COVID-19 e implantadas en marzo, el trabajo a distancia seguirá regido por la normativa laboral ordinaria, nos da la oportunidad de contar con más tiempo para que todos podamos reflexionar pausadamente sobre esta novedosa situación y, finalmente, llegar a acordar el mejor marco posible con la vista puesta en el largo plazo.

Por último, permitidme que destaque la importancia de haber conseguido llegar a un acuerdo entre todas las partes implicadas: el Gobierno, los sindicatos y las patronales. Más allá de las opiniones particulares que cada uno pueda tener sobre posibles mejoras aquí o allá, contar con una regulación de base era un asunto prioritario en España, ya que es una modalidad de trabajo que ha venido para quedarse.

(Ana Buxó, secretaria general de la Asociación CEX).